Cronovisiones

Cronovisiones
Santiago Espeche

Del 27 de febrero al 2 de abril

“Cronovisiones” de Santiago Espeche es un viaje inmóvil, como si desde el sillón propio todo lo que se moviese fuese nuestro alrededor y no uno mismo. Solemos atribuir al acto de viajar a trasladarse en lugares y distancias, en esta muestra, el movimiento de desplazamiento lo hace el tiempo. El espacio-tiempo en realidad, visto no como un contenedor estático de eventos, sino como algo dinámico y múltiple.

Uno puede ordenar en forma cronológica los sucesos de una vida, los recuerdos de la infancia temprana, la pubertad, adolescencia, adultez, la sucesión de instantes homogéneos de nuestra existencia. Santiago Espeche, sin embargo, nos trae aquí algo más que recuerdos en el tiempo, el crea “duraciones” (durée según Deleuze), el tiempo vivido de manera cualitativa y memorable, donde esos minutos yacen independiente del movimiento y desestructurados del espacio real. Estamos frente a frente a una duración indeleble del pasado, que a través del pincel cronovisor del artista, nos hace viajar a una nueva versión de ese momento, plagado de imaginación, explosiones de líneas y curvas, puntos de fuga que se van de esta era y personajes fuera de este planeta.

El tiempo en las obras de Espeche, se percibe como en pliegues, donde el pasado y presente coexisten en múltiples niveles, no es un tiempo único ni absoluto, mucho menos una línea recta de causa y efecto, está lleno de multiplicidades temporales en constante transformación. La obra es fluida perpetrando conexiones inesperadas de formas y lugares, de entidades que parecen mirar un infinito que no se detiene y que es generoso en presentarnos experiencias tan vivas, tan dinámicas, tan del pequeño Gziaco.

Curaduría: Cristias Rosas Chocano


Cronovisiones
“las modificaciones de la nube” (Cosas, El oro de los tigres, J.L. Borges)

Mi primer diálogo interno fue visual. Recuerdo la mirada perdida en las imperfecciones de los zócalos de mi casa cuando era niño. Visualizaba e interactuaba con figuras donde no estaban, lo que hoy se llama “pareidolia”. Desde esa primera toma de conciencia, cualquier mancha, nube, pliegue o accidente topográfico activa esa voz lúdica que asocio a “Gziaco”, mi sobrenombre romano.

Para este trabajo me guió el deseo de visualizar, en mis propias manchas, en mi propio mundo creado, esos “seres causales” que piden existir. Como en la obra “Seis personajes en busca de un autor” de Luigi Pirandello. En este caso mis “escenarios posibles” son óleos y acrílicos sobre lienzo. Me apropio de las figuras que proponen las manchas y las interpreto. Un juego similar sucede con la palabra mancha y su repetición: chaman. Algo que comienza en forma lúdica se torna revelatorio, trascendente o creativo.

La Dra. Ana María Llamazares en su maravilloso y atrapante libro “Símbolos de lo Sagrado”: El poder visionario de las imágenes chamánicas”, hace mención a las pinturas en las cuevas en Europa de hace 40.000 años, (y la inmigración asiática que recibieron), como lugares elegidos para “entablar un diálogo con los poderes sobrenaturales”. Dice del artista paleolítico: “Finalmente, debía poner en juego, sus efectivas condiciones de artista, su capacidad para evocar gráficamente, para representar con exactitud su objeto lejano. Y algo tan inefable como imprescindible: su talento creativo, aquella magia misteriosa que convierte una mancha en una maravilla, internado en el caos, ha restituido el cosmos. Capaz de despertar infinitos significados, aún miles de años más tarde, cuando ya todo aquél mundo se ha derretido junto con sus hielos, mas nuestro artista se nos revela como un verdadero oficiante, mediador entre lo sagrado y lo profano, entre lo ordinario y lo trascendente, experto transeúnte entre éste y otros mundos.”

En su fantasía ó ¿ejercicio chamánico?, Gziaco se vale de un cronovisor (instrumento para fotografiar el pasado) para viajar el espacio sin tiempo. Una mancha incidental determina el dónde y cuándo. Intenté seguirlo, abandonarme para poder corresponder y dar cuerpo a sus visiones continuas. Luego el deseo contradictorio, también natural, de presentar fuera de la cueva, la bitácora de su viaje, una interpretación plástica de su mundo atemporal que conforme me alejo y vuelvo a mí, veo, como en un fractal de Mandelbrot, mi propia vida reflejada.

Santiago Espeche Z
Investigación científico literaria: Alejandra Dávila

Director: Cristias Rosas Chocano
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